
Pocos líderes están preparados para el reto de dirigir en un contexto de cambio significativo y constante. A menudo, el cambio impone a los líderes la lucha entre gestionar la empresa y tener en cuenta las necesidades de las personas. Por lo general, es el lado de las personas el que sale perdiendo. Pero si los líderes no establecen un equilibrio eficaz entre la empresa y las prioridades de las personas, pueden erosionar la confianza y generar temor entre los trabajadores, precisamente en un momento en el que una plantilla leal y productiva es esencial para el éxito.
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